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La convocatoria organizada por el colectivo KC TARIFA congregó a un numeroso público en el salón de actos del CEIP “Guzmán El Bueno”, en Tarifa (Cádiz), que conoció con cifras reales y testimonios en primera persona, el drama que actualmente sufren miles de refugiados. Los datos que las autoridades comunitarias consideran inasumibles para dar respuesta a la situación –con la llegada en 2015 de 500.000 refugiados a las costas del Mediterráneo, fundamentalmente a la isla griega de Lesbos–, fueron rebatidas por los intervinientes con cifras concretas sobre las posibilidades reales de acoger en España a familias que dejaron todo atrás con la esperanza de que Europa sería su salvación.

La mesa redonda, moderada por la periodista Begoña Curiel Enrique,  contó con la presencia de Jesús Maeztu Gregorio de Tejada, Defensor del Pueblo Andaluz, Diego Boza Martínez, asesor jurídico de la Asociación Pro Derechos Humanos (APDHA), Ezequiel Andreu Cazalla, concejal de cultura y educación del ayuntamiento de Tarifa y Manuel Blanco Fernández, bombero y cofundador de la asociación PROEMAID.

El avance del documental  “CONTRAMAREA” fue el arranque del acto estuvo protagonizado por la proyección de un impactante avance del documental “Entremareas”, de la periodista María Iglesias y el realizador Carlos Escaño, donde quedaban recogidos testimonios en primera persona de refugiados que mostraban su desolación tras llegar a bordo de  frágiles embarcaciones, donde se juegan la vida desde la costa turca hasta islas como Lesbos, para escapar no sólo de Siria, sino de otros países como Afganistán, Pakistán, Libia, Eritrea, etc. El documental verá la luz con su formato definitivo, el próximo mes de Junio.

La proyección fue un punto de partida fundamental y necesario para visibilizar la cruda realidad de quienes llaman a la puerta de Europa con la vana esperanza de una solución que no llega.

El alcalde de Tarifa Francisco Ruiz, presentó el acto centrándose en la necesidad de recordar de este drama. Más en una localidad como la tarifeña, donde los propios vecinos han mostrado una y otra vez con hechos su espíritu solidario. Pese a las diferencias de los dos contextos, Tarifa es desde hace varias décadas, puerta europea de entrada de inmigrantes sin documentación desde el norte de África, a bordo de pequeñas embarcaciones.

Manuel Blanco fue el primero en intervenir con un testimonio personal de gran valor. Junto a personal de emergencias de la provincia de Sevilla, fue partícipe de la fundación de PROEMAID el pasado mes de Diciembre de 2015. Desde entonces, se desplazan –con sus propios recursos y gracias a la solidaridad de ciudadanos y colectivos– a pie de playa para rescatar del agua y atender a los refugiados.

Blanco relató la experiencia vivida con la que dijo “sentirse bien”, porque ayudar a cientos de personas de morir en el cruce de poco más de quince kilómetros entre Turquía y Grecia. Por contra “te sientes mal, cuando compruebas la indiferencia posterior”, añadió en alusión a la ausencia de respuestas concretas y firmes por parte de las autoridades comunitarias para aplicar la normativa y el derecho de asilo.

Tras abandonar sus países de origen –dejando todo atrás– porque los conflictos bélicos –como el de Siria que dura cinco años–, ponen en riesgo su seguridad, “¿qué llevarías en una mochila, qué metes en ella?”, preguntó Manuel Blanco al público. Este interrogante, simboliza la escenificación de la realidad que ha podido palpar en los dos desplazamientos que ha realizado en los últimos meses a la costa griega. “En mi vida he tocado unos pies tan fríos”, “No se les puede llamar refugiados, porque no tienen refugio”, fueron tan sólo dos frases de este bombero sevillano que se siente con la responsabilidad de contar lo que ha vivido, para que no se olvide. También recordó el momento en el que fue detenido durante tres días junto a dos de sus compañeros por la guardia costera griega cuando ayudaba a los refugiados. La noticia fue reflejada en su momento por la prensa ante la indignación generalizada.

Jesús Meztu, el Defensor del Pueblo Andaluz destacó la importancia de que este tipo de iniciativas se desarrollaran precisamente en esta localidad. “Me siento interpelado por Tarifa”, afirmó, porque guarda el reflejo de la solidaridad que se ha demostrado durante años.  Aunque desde los años ochenta, la travesía por el Estrecho de Gibraltar ha conducido hasta la costa española a miles de inmigrantes –magrebíes y de origen subsahariano–, a mediados del verano de 2014, los vecinos de Tarifa salieron en masa a ayudar a 849 inmigrantes que llegaron en tan sólo veinticuatro horas a bordo de un centenar de pequeñas embarcaciones.

“Me siento aquí más emocionado que en Barcelona”, ciudad donde el pasado mes de Marzo se celebró un encuentro internacional de Ombusdman (término que representa la figura del Defensor), donde se abordó la necesidad de dar respuesta de manera coordinada a la hora de aplicar la normativa que garantiza el asilo a refugiados. “Creía que esta era una cuestión asentada, ya regulada y que no conllevaba polémica”, señaló Maeztu, que mostró su incredulidad e indignación ante “el papel de la vergüenza y el triste espectáculo” que Europa está interpretando en este conflicto.

Ante el planteamiento de la mesa redonda sobre posibles soluciones y medidas a adoptar, destacó tres propuestas: denuncia pública de la política comunitaria fallida de asilo, supervisión de las acciones de los Estados y concienciación de la opinión pública y de las administraciones para coordinar –cada una en función de sus posibilidades– soluciones con datos y cifras concretas. Porque “hablamos de vida, la vida se acoge”, dejando a un lado el peligro implícito de este tipo de situaciones, que llevan aparejado el riesgo de mensajes de xenofobia y racismo.

Jesús Maeztu, expuso en la mesa redonda –que tras distintos contactos con ONGs, colectivos de ayuda a refugiados y diversas instituciones– que existe infraestructura suficiente para acoger y dar atención digna en España, a 17.000 refugiados. “Pisos, traductores, atención psicológica…”, serían tres de los pilares que estarían solventados para poner en práctica una primera actuación de urgencia.

Especial atención dedicó en sus intervenciones, a los menores y de manera más dolorosa, a los no acompañados, las víctimas más vulnerables de esta trágica situación. Según Unicef, uno de cada tres refugiados es menor de edad. Los datos de Europol (Oficina Europea de Policía) confirman que diez mil menores no acompañados, forman parte del éxodo que ha generado la creación de campamentos de detención donde no existen condiciones de vida digna.

Diego Boza Martínez, el asesor jurídico de la asociación Pro Derechos Humanos criticó duramente la construcción por parte de Europa, a lo largo de los años, de un sistema xenófobo. “No hacen falta fotos de Idomeni para comprobar que la única respuesta de nuestro país ha sido colocar vallas. Las famosas concertinas de Ceuta y Melilla, vienen de Málaga”, según Boza, que recordaba que no es la primera vez que se produce este fenómeno. La diferencia según el abogado es que “ahora os refugiados llaman a la puerta de Europa y sólo reciben la hipocresía”. “Todo esto ya se ha hecho en España. Nuestro país ha sido y es un laboratorio de vulneración de derechos humanos”, afirmó de manera categórica, con las llamadas devoluciones en caliente y el archivo de casos como el del Tarajal, entre otros ejemplos.

Para Boza, es necesario exigir pasillos humanitarios –porque es un compromiso legal, sin más, además del moral– para estas personas y denunciar acuerdos ilegales como el firmado con Turquía. Recordó que de las cifras iniciales sobre los compromisos de concesión de asilo, a fecha de hoy, tan sólo han sido 18, las personas que se han beneficiado de este derecho.

En su opinión, la postura de las autoridades comunitarias ha sido “la que refleja la frase de, que no se mueran, pero que no vengan”. Instó a las instituciones –independientemente de que no cuenten con competencias en esta materia– a que se movilicen, “a que pongan colorada la cara al gobierno”, porque con su actitud están consiguiendo desactivar la movilización social, la solidaridad.

En este sentido recordó Boza que hace meses, muchos ayuntamientos se declararon “ciudades refugio”. Una medida simbólica que resultó positiva como mensaje, pero que en la práctica, se quedó en un mero slogan, que no ha ido más allá.

Ezequiel Andréu Cazalla, el representante municipal en la mesa redonda denunció que la actual situación que está abocando a los refugiados a la muerte, con el cierre de fronteras, el regateo de cifras para asumir el derecho de asilo, la existencia de “prisiones legales” y el clasismo sufrido por los inmigrantes considerados “de segunda”.

Andreu hizo especial hincapié en los conflictos bélicos que son los que en definitiva –y no ahora, sino desde hace años– han sembrado el camino para este éxodo, ante la apatía que no sólo caracteriza a las autoridades políticas responsables, sino en general, a la sociedad. “Lo vemos en el telediario, las imágenes de lo que está ocurriendo, como si fuera una película”, pero el concejal tarifeño está convencido de que sí se puede hacer algo.

Como ejemplo puso a los tarifeños, “a la gente”, recalcó, que en la medida de sus posibilidades lleva años ejerciendo la solidaridad con los inmigrantes.

Fueron muchos los datos expuestos en la mesa redonda. Cifras que pueden sonar frías, pero necesarias para calibrar la dimensión de este drama humanitario, ante el que muchas voces han lanzado voces de alarma porque el volumen de personas afectadas –mientras la comunidad internacional mira hacia otro lado–, se asemeja a la diáspora vivida durante la Segunda Guerra Mundial.

Estos mensajes de alarma –que muchas veces son tachados de innecesarios– son reales. Tanto, como los rostros de miedo y dolor que a diario vemos en las imágenes y páginas de prensa a nivel mundial. Los medios de comunicación siguen destacando la crudeza de esta realidad y de tantos colectivos y ciudadanos particulares con coraje, lo que permite a la sociedad mantenerse informada. Mientras exista información, persiste la esperanza de que no se olvide la realidad, de que no se dé esquinazo a las víctimas de los fallos del sistema y el cinismo de las autoridades.

Con este tipo de iniciativas KC TARIFA, pretende sumarse a la voz de quienes siguen apuntando con el dedo a los culpables de la situación para que pongan manos a la obra. Para que los ciudadanos puedan contar con testimonios y protagonistas de los problemas que asolan y existen en el mundo que nos rodea. Esté en Tarifa o a miles de kilómetros.

Begoña Curiel Enrique

Periodista y escritora.